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Obesidad y trasplante de hígado: lo que debes saber

Mar Cobos

Persona con obesidad en cocina doméstica comparando alimentación poco saludable y dieta equilibrada, en contexto de trasplante de hígado y cuidado hepático.
La obesidad influye de forma directa en la evolución y el pronóstico tras un trasplante de hígado, siendo clave el control nutricional.

La relación entre obesidad y trasplante hepático

La obesidad es un problema de salud cada vez más frecuente y tiene un impacto directo sobre el hígado 😊. El exceso de grasa corporal se asocia al desarrollo de hígado graso, inflamación hepática y cirrosis, enfermedades que pueden evolucionar hasta la necesidad de un trasplante de hígado.

¿La obesidad impide un trasplante de hígado?

La obesidad no es una contraindicación absoluta, pero sí un factor de riesgo importante. Un índice de masa corporal elevado aumenta las complicaciones quirúrgicas y reduce la supervivencia tras el trasplante 😟. Por ello, muchos equipos médicos recomiendan perder peso antes de entrar en lista de espera.

Importancia de la pérdida de peso antes del trasplante

Reducir peso mejora la función metabólica, disminuye el riesgo cardiovascular y facilita una cirugía más segura 👍. Incluso una pérdida moderada puede marcar la diferencia en la evolución del paciente y en los resultados del trasplante a medio y largo plazo.

Nutrición y hábitos saludables

Una alimentación equilibrada, adaptada a la enfermedad hepática, junto con actividad física segura, es clave en este proceso. El abordaje nutricional debe ser individualizado y supervisado por profesionales para evitar déficits y proteger la masa muscular 💪.
Cuidar el peso y el hígado es una inversión directa en salud y calidad de vida presente y futura.
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Preguntas frecuentes

¿Por qué la obesidad afecta al trasplante de hígado?

Porque incrementa el riesgo quirúrgico, las infecciones y los problemas cardiovasculares, dificultando tanto la cirugía como la recuperación posterior.

¿Es obligatorio adelgazar antes de un trasplante?

No siempre es obligatorio, pero en muchos casos es altamente recomendable para mejorar la seguridad del procedimiento y los resultados a largo plazo.

¿Qué tipo de dieta es más adecuada en estos casos?

Una dieta equilibrada, suficiente en proteínas, controlada en calorías y adaptada a la enfermedad hepática, siempre supervisada por un profesional.